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LA CENTRO DEMOCRACIA - (2010-01-20)
Aníbal Romero
Documento sin título
(El Nacional)
Caracas, 20.01.2010
El nuevo libro de José Antonio Gil Yépez (La Centro Democracia, Ediciones del diario El Nacional, Tomo I, 2009), constituye a mi modo de ver un documento de fundamental importancia para el estudio del actual panorama político venezolano y sus perspectivas.
En una breve nota como ésta sólo puedo destacar algunos puntos de particular interés. La obra se sustenta en un amplio recorrido a través de las tendencias de opinión pública estos pasados años, y algunas de sus conclusiones revelan paradojas que desafían a nuestros políticos, analistas e historiadores por igual.
El mensaje clave que se desprende del libro es que una mayoría de venezolanos aspira a una especie de sociedad ideal, a lo que Leibniz llamaría “el mejor de los mundos posibles”, una mezcla perfecta de las presuntas bondades del capitalismo y de un socialismo que a decir verdad sólo existe en las mentes de no pocos ilusos, pero que al menos en esa medida es real. Del capitalismo deseamos la propiedad y la inversión privada para generar riqueza y empleos, y del socialismo queremos la “solidaridad cívica” y los “programas sociales del Estado para reducir la pobreza”. Pareciera que el pueblo venezolano no conoce que es precisamente en las sociedades capitalistas avanzadas donde hay mayor “solidaridad cívica”, y que en China y Cuba eso no existe; tampoco saben que los países menos pobres son los más capitalistas.
Por otra parte, el estudio de Gil Yépez pone de manifiesto que a pesar de los esfuerzos de adoctrinamiento por parte de Hugo Chávez, los venezolanos repudian el modelo cubano y en general prefieren un Estado promotor y no paternalista, un Estado que estimule a la gente a trabajar y ganarse la vida con decencia por sus propios medios. Esto a decir verdad me sorprende, y la oposición venezolana, con escasas excepciones, no se ha enterado del asunto. Por el contrario, algunos de esos dirigentes de oposición intentan competir con Chávez en el terreno de la izquierda y de los socialismos gaseosos, en lugar de montarse sobre un claro mensaje de productividad, competencia creadora y creación de riqueza más allá de las muletas del Estado petrolero.
Pero las paradojas son numerosas. Con tino y no poco estupor Gil Yépez señala la creciente “disonancia cognoscitiva” en el seno de una sociedad donde, por un lado, Hugo Chávez no hace sino radicalizar su estridente, delirante y destructivo socialismo del siglo XXI, expropiando, persiguiendo e insultando, pero por otro lado, parte importante de los venezolanos percibe que, más bien, ¡Chávez se va moderando! Según la hipótesis del autor esto es un esfuerzo de racionalización (yo lo llamo autoengaño), usado por los estratos sociales bajos para ocultarse a sí mismos la realidad de que Chávez no es lo que ellos tanto procuran que sea, es decir, un “centro-demócrata”, sino un disparatado radical que pretende ser marxista.
Apunta Gil Yépez que alrededor de 18% de venezolanos tienen la honestidad de decir que desean sencillamente vivir de gratis del Estado; quieren paternalismo y asistencialismo para siempre. Ello le conduce a hablar del “efecto Eva Perón” y a preguntarse si este veneno se reproducirá en Venezuela. Después de setenta años los argentinos no han hallado el antídoto adecuado. ¿Lo lograremos nosotros, una vez que la pesadilla chavista desaparezca de un modo u otro del horizonte? Tal vez el venidero segundo volumen de este importante y útil trabajo de Gil Yépez nos ayude a esclarecer ésa y otras interrogantes, en torno a las cuales se jugará el destino de las nuevas generaciones de venezolanos.
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