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La marcha del 20 de julio - (2008-07-23)
Miguel Posada Samper
Documento sin título
Con la marcha ciudadana del 20 de Julio, lo mismo que con la del pasado 4 de febrero, los colombianos demostraron su voluntad de lucha, su compromiso con su país y su solidaridad con las víctimas de los secuestradores, en particular las FARC. Demostraron también su aprecio por los hombres y mujeres que se sacrifican por preservar nuestra libertad: los soldados de la patria.
Pero aparte de la satisfacción que produce poder expresarse para quienes marcharon en todas las latitudes, cabe preguntarse que efecto tienen esas marchas, o si simplemente se quedan en eso: un desfogue emocional. ¿Pueden tener un efecto profundo sobre el futuro del país?
Creo que si lo tienen. En el pasado, aquella izquierda que acompaña tras diversas caretas a las FARC, vendió la idea, con algún éxito, de que los colombianos civiles son “ajenos al conflicto”, que no deben apoyar a ningún bando, como si el conflicto fuera entre las Fuerzas Militares y la guerrilla, y no se tratara de una lucha de los terroristas por imponer un gobierno totalitario y esclavizar a todos los colombianos. Con ello buscaban, recordemos, que no se diera información a la Fuerza Pública, por que con ello se convertían en partícipes del conflicto. A esto se añadía el concepto, propagado hábilmente por los simpatizantes ocultos de la guerrilla marxista, de que los terroristas eran unos buenos muchachos altruistas que querían lo mejor para los colombianos; sólo estaban un poco exaltados. Había que llegar a una negociación política porque era imposible derrotar a la guerrilla. Las marchas demuestran que ese cuento se acabó. Los colombianos han expresado que la agresión de los terroristas es contra todos los ciudadanos.
¿Pero las marchas producen algún efecto en las FARC? Un correo hallado en los computadores de Raúl Reyes indica que este jefe de los terroristas se preocupó mucho por la marcha del 4 de febrero. Expresó que era necesaria una contramarcha, que fue precisamente la lánguida manifestación del 6 de marzo. Los terroristas se dan perfecta cuenta de que no tienen apoyo popular. El pueblo en marcha ha expresado que las FARC-EP – el supuesto Ejército del Pueblo, no lo es. El verdadero ejército del pueblo es el Ejercito Nacional, o más ampliamente las Fuerzas Militares de Colombia. Los colombianos ven hoy a las FARC como lo que son: terroristas y narcotraficantes. No hay nada que puedan hacer los columnistas que les dan soterrado sostén, ni los colectivos de abogados, o los centenares de ONG que les dan apoyo. El pueblo ya no se traga los cuentos.
Un detalle fue muy diciente. Confinado tras las rejas del Cantón Norte, el Coronel Alfonso Plazas, salió a ver la marcha. Fue reconocido por los caminantes y ovacionado, no una, sino muchas veces. La gente no se traga entonces el montaje que se está armando sobre el asalto al Palacio de Justicia. Ese montaje es otro negocio de un colectivo de abogados, al cual favorece una fiscal de dudoso juicio o de ideología de izquierda. Hay varios militares inocentes detenidos con fundamento en testimonios falsos, mientras los autores de la toma gozan de libertad y dictan clases de moral en el congreso. Pero la gente intuye cual es la realidad.
En el exterior, las marchas, la del 4 de febrero y la del 20 de julio, también tendrán un efecto. Los despachos de las embajadas a sus gobiernos contaron seguramente los hechos, y no pocos periódicos y canales del globo dieron amplio despliegue a la marcha. En muchas ciudades del mundo los colombianos y sus amigos también se movilizaron en números sorprendentes. ¿Será que el gobierno, como lo expresó con simpática ironía un columnista, obligó a todos los colombianos a marchar, incluidos aquellos que viven en el exterior? Claro está que los comunistas de Buenos Aires o Paris se negarán a cambiar de opinión, pero los hechos obligarán a muchos en el mundo a reconocer que a los colombianos no los representan las FARC. Si, como dijo algún “mamerto” francés, a las marchas sólo asisten los ricos, se deduce que Colombia es entonces el país más rico del mundo, pues casi toda la población que podía marchar, marchó. Faltaron a la marcha los médicos y enfermeras que atienden en los hospitales, los celadores, aquellos que tenían que cuidar niños o enfermos, las operadoras telefónicas y otras personas que no se podían separar de sus labores.
En Europa y otros países, muchos ingenuos creían el cuento de los guerrilleros luchadores por la libertad, de los Robin Hood revolucionarios. Si siguen creyendo en ellos ya no son simples ingenuos, sino brutos o cínicos comunistas convencidos.
Pero talvez lo más importante es que la movilización del 4 de febrero dejó ver una profunda unidad nacional frente al secuestro y frente a los terroristas, y la del pasado 20 de julio reafirmó esa unidad. Ese sólo hecho es trascendental. Los jefes de las FARC quedaron notificados: no están enfrentados al gobierno de Álvaro Uribe, ni a la Fuerzas Militares; están enfrentados a todo un pueblo de pie.
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