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Balance 2005 - (2005-01-17)
Miguel Posada Samper
Documento sin título
Muchos comentaristas se han dedicado a decir que la Política de Seguridad del gobierno no ha funcionado y subrayan, casi con alegría, que las acciones de la guerrilla de las FARC en el último semestre así lo demuestran. Lo que pocos explican es cual es una alternativa viable. No dicen si debemos volver al despeje, a una negociación interminable, a una rendición del Estado o que. Pero el fondo del asunto es que la afirmación de que la guerrilla está intacta es falsa. Esta muy golpeada. Perdió el dominio de amplias zonas, como la zona rural de Cundinamarca, buena parte de Antioquia, y otras áreas densamente pobladas del país. Hoy los combates son en regiones bien apartadas y de escasa población. Allá, en sitios que fueron de su dominio absoluto, los está buscando el Ejército. Las FARCperdieron sus corredores de movilidad, unos por los páramos y otros por los ríos. Sus finanzas perdieron, en muy buena parte, uno de sus pilares: el secuestro.
En el año perdieron las FARC 3700 combatientes, entre un 20 y un 25% de sus efectivos, por capturas, bajas y deserciones. Esa cifra no tiene en cuenta los caídos en acción que logran retirar y enterrar secretamente, ni aquellos que caen en bombardeos y ametrallamientos de la Fuerza Aérea. En épocas anteriores este grupo terrorista perdía un 10% de sus efectivos anualmente, y el reclutamiento de niños y jóvenes campesinos superaba ampliamente esa cifra. Los terroristas pueden, con dificultad, reemplazar a los jovencitos que reclutan como carne de cañón, pero no así a los mandos medios y cuadros. Cada ataque a un puesto de Policía o Ejército les genera grandes pérdidas. Las bajas, así no se conozcan en detalle porque los terroristas se ocupan de ocultar a los muertos, desmoralizan a los que quedan. Es lo que los expertos denominan una Guerra de Atrición, algo que una fuerza guerrillera siempreespera llevar a cabo contra las fuerzas del Estado, pero que en este caso, está operando contra los terroristas.
Es obvio que las FARC están limitadas a esperar un milagro político. Su esperanza es que ocurra algo que impida la reelección de Uribe. Si el Presidente es reelegido, como parece probable, tratarán de aguantar el chaparrón para esperar mejores tiempos. Pero esto significa que el tiempo ya no está a su favor. Un combate donde pierden la vida 29 soldados, o la toma de un caserío apartado son acontecimientos tristes, pero no son victorias de significado estratégico. En los últimos ataques las FARC tuvieron que utilizar sus mejores combatientes, los más veteranos, porque sus estructuras comunes ya no están en capacidad de enfrentar a las tropas, aún en condiciones de superioridad numérica. Pero en los combates, y en la obligatoria huída posterior, han sufrido pérdidas importantes. Los terroristas están ante un dilema estratégico: Con cada combate que plantean pierden cuadros, armas y combatientes curtidos que no pueden reemplazar enteramente, pero la opción de repliegue y dispersión no es tampoco viable a largo plazo. Si no combaten, simplemente pierden vigencia.
El fortalecimiento de las Fuerzas Militares se inició, y es algo que hay que abonarle al ex Presidente, durante el gobierno de Andrés Pastrana. En un lapso de ocho años, el pie de Fuerza del Ejército se ha doblado, se ha conformado una importante fuerza fluvial de infantería de marina que controla los ríos, las tropas han sido dotadas de visores nocturnos, y han mejorado notablemente la detección desde el aire de los movimientos guerrilleros, lo mismo que el transporte y el apoyo aéreo a las tropas. Cada División cuenta con una o más brigadas móviles, además de aquellas que conforman la Fuerza de Tarea Omega, ocupada en negarle a las FARC la retaguardia que mantuvieron por años en el Caquetá, Guaviare, Meta y el Putumayo. La proporción de soldados voluntarios o profesionales es cada vez mayor. La realidad es entonces que, mes a mes, la balanza se inclina a favor del Estado. Cada día las Fuerzas Militares y la Policía se fortalecen, mientras la guerrilla se debilita.
Esta todavía tiene la capacidad de volar torres de energía, algún puente o un tramo de oleoducto. Eso no es difícil. Pero los efectos de la Política de Seguridad los vemos por todos lados: un crecimiento económico cercano al 5%, una inflación de menos de 4.85%, la más baja en décadas, y un desempleo que ha caído más ocho puntos. Hoy podemos ir a otras ciudades a visitar amigos o parientes, o simplemente a vacaciones. La confianza a retornado a ganaderos, agricultores, industriales y comerciantes; y lo más importante, al consumidor.
Todo esto ha ocurrido en el frente interno. En el exterior, donde la subversión recibía importantes apoyos, aun en Estados Unidos, las organizaciones guerrilleras han sufrido un verdadero desastre. Reconocidos como terroristas en casi todo el mundo, salvo excepciones como Venezuela o Ecuador, cada día se desacreditan más.
El ELN ha sufrido un deterioro aún mayor que las FARC. En combates con el Ejército, las Autodefensas Ilegales y las mismas FARC, ha perdido casi todo su dominio territorial. Mientras las FARC tratan con el ELN a balazos en Arauca, en otras regiones la agrupación de ideología castrista ha tenido que plegarse a la organización más fuerte para no desaparecer. Esto explica su interés por una negociación. Además, en forma aún más marcada que en el caso de las FARC, el tiempo ya no está a su favor. Se han entregado, en desesperación, frentes completos del grupo terrorista. Esto es algo que hay que tener en cuenta en la negociación.
Hoy, en gran resumen tenemos otro país, muy diferente al de hace cuatro años. Lo importante es perseverar para no volver a lo mismo.
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