|
La dictadura de los jueces - (2009-11-08)
Miguel Posada
Documento sin título
La democracia y la libertad no son fáciles de obtener. No son, como creen algunos, el orden natural de las cosas. La mayor parte del mundo, de hecho no es libre. El totalitarismo siempre está al acecho, y llega al poder en muchas formas. En nuestro continente la libertad se ha perdido ante golpes de estado, guerra de guerrillas o por la misma vía electoral. Que se llegue al poder por la vía electoral, aprovechando la debilidad de la democracia y la credulidad de los pueblos, no significa que algunos gobiernos no se conviertan en dictaduras. Por la vía de la lucha armada llegaron al poder los dictadores comunistas Castro y Ortega. De resto esa vía no le funcionó al comunismo. El golpe militar no le funcionó a Chávez, pero la vía electoral si. Y los comunistas aprendieron algo por el camino. Cuando se opta por la vía electoral, hay que utilizar al principio una careta que no asuste al electorado. Hay que prometer libertad y democracia. Pero una vez en el gobierno se pasa a controlar los demás poderes y que dominar a los ejércitos, que fueron la talanquera que impidió llegar al poder por la vía armada.
En el continente, y en el mundo, el camino al poder del totalitarismo casi siempre ha sido la toma del ejecutivo en primera instancia. Ecuador es una excepción notable. Allí se ha derrocado a los presidentes desde el congreso en varias oportunidades. Pero en Colombia estamos viviendo un proceso nunca antes visto. Aquí se puede perder la libertad y la democracia a través del poder judicial. La Constitución de 1991 quedó mal hecha en muchos aspectos, pero uno de los más graves fue que no quedó ninguna cortapisa efectiva contra utilización del poder judicial para atacar a los otros poderes, y especialmente para destruir a las Fuerzas Militares. Que no quepa ninguna duda, el poder judicial se está tomando el estado, y está claro que el equilibrio de poderes, fundamento de la democracia, dejó de existir. Todos, absolutamente todos, los colombianos estamos amenazados. Si el poder judicial, sea la Corte Suprema de Justicia o la Fiscalía, que hoy controla la misma Corte, quiere meter a la cárcel a alguien, lo hace. El control por parte del Congreso no opera, porque la Corte Suprema puede encarcelar a todo el congreso en el mismo día si así lo decide. Es cuestión de conseguir unos testigos falsos, y listo.
Es obvio que hay un plan, por ejemplo, para acabar con la clase política de la Costa y del Tolima. Claro está que hay algunos casos de políticos comprometidos con los Paramilitares. Pero con ellos no se detiene la persecución. Se persigue a otros políticos evidentemente inocentes. Si se destruye esa clase política tradicional, queda el camino abierto para una nueva. ¿Cuál será? No es difícil adivinar. En el caso del Tolima el proceso es notorio. Es evidente que el poder judicial ataca a los políticos de centro y derecha, inocentes todos de cualquier relación con los paramilitares, pero no toca a políticos comprometidos, por testimonios y hechos claros y sólidos, con las FARC.
El proceso de destrucción de las Fuerzas Militares avanza aún más rápido. Desde hace tiempo se han venido sentando las bases para dominar al Ejército. Paso a paso se perdió el fuero militar, con la complicidad de muchos ingenuos. En otros países, los ejércitos se cruzaron en el camino del comunismo, pero terminada la arremetida terrorista, cedieron el poder. Luego, desde gobiernos democráticamente electos ha venido la persecución implacable contra quienes detuvieron la toma del poder comunista por la vía armada. Gobiernos democráticamente electos han traído al poder a muchos antiguos terroristas, cuya amnistía se mantiene, mientras se persigue a los militares. No se trata sólo de venganza. Es también un paso indispensable para la toma de los demás poderes. La lección de Chile la aprendieron muy bien los comunistas. Allende, hoy casi santificado, intentó convertirse en dictador, con la asesoría personal de Fidel Castro. Sus milicias, hoy emuladas por los Ponchos Rojos de Evo Morales, los Círculos Bolivarianos de Chávez, o los piqueteros argentinos, empezaron a sembrar el terror. Allende destruyó la economía del país y pasó por encima del congreso. Pero no tuvo tiempo de dominar a las Fuerzas Militares, y eso fue lo que permitió rescatar al país. Hoy, la prensa miope convierte en demonio a Pinochet al tiempo que canoniza a Fidel Castro. Pero vale la pena recordar que el primero, Pinochet, al cabo de dieciséis años en el poder, convocó un referendo que preguntaba al pueblo si quería otro período de siete años de su gobierno. Al perderlo, entregó el gobierno. Castro cumplió 50 años en el poder y ha asesinado muchas más personas para sostenerse. Sólo la muerte lo apartará del poder. La vocación de los marxistas es de poder perpetuo.
En el cono sur, la venganza y el proceso de debilitamiento de las Fuerzas Militares empezó cuando estas entregaron el poder. Aquí, donde nunca lo han tenido, salvo durante la breve dictadura de Rojas Pinilla, la Guerra Jurídica empezó hace tiempo, bajo la mirada indiferente de gobernantes y con la complicidad de una prensa cazadora de escándalos. ¿Será que unas Fuerzas Militares desmoralizadas y débiles nos defenderán de los narcoterroristas comunistas?
José Obdulio Gaviria propone en reciente columna que se convoque una constituyente para reformar la Constitución en todo lo que se refiere a la justicia, que es hoy fuente de injusticias espantosas y se está utilizando para llevarnos al totalitarismo. La Carta establece ese mecanismo. Entre todo lo que hay que arreglar está la Justicia Penal Militar, que debe volver a ser lo que fue: juicio por los pares. Nunca, en ninguna circunstancia debe ser juzgado un militar por civiles. Es hora de defender a quienes defienden nuestra libertad.
Ojalá no sea tarde, y la presión de la opinión pública detenga la toma del poder por la vía de una justicia infiltrada y corrupta.
|